20 septiembre 2012

Un hombre singular y tranquilo
Artículo de Juan José Ibarretxe
 
LA noticia del fallecimiento de Santiago Carrillo ha aflorado en mi memoria múltiples recuerdos alimentados por una amistad mutua que siempre mantuvimos a lo largo de nuestras respectivas vidas y trayectorias políticas, coincidentes en muchas cosas y divergentes en otras tantas. Tanto en unas como en otras siempre encontré en don Santiago a un hombre inteligente, vivaz, tolerante, socarrón, amable, dialogante... Siempre encontré a un político de los que nacen y a un amigo de los que se hacen para toda la vida.

Un hombre singular y tranquilo.

Quizá uno de los recuerdos más intensos me lleva hasta Granada. Junto a Santiago ofrecí una conferencia para explicar lo que el Gobierno vasco pretendía abordando una reforma estatutaria y proponiendo una consulta democrática a la sociedad vasca. Un grupo de ultraderechistas muy jóvenes, que no habían nacido cuando Carrillo fue un agente activo de la restauración democrática en España, asediaban la iglesia que nos acogía como conferenciantes. La policía nos aconsejó no salir y esperar a que se calmara la algarabía exterior. No se calmó y mientras esperábamos, Santiago recordaba sus múltiples avatares escondiéndose del franquismo y sus múltiples incidentes burlando a la policía franquista y a la ultraderecha española. Así que aquello no le acababa de sorprender más allá de que tuviera lugar 40 años después de la transición política. Lo cual es, evidentemente, un motivo de sorpresa. Me dijo que le pidiera para cenar una sopa de ajo mientras cada uno salimos de allí como pudimos con agresiones físicas incluidas.

Tuvo muchos reconocimientos tras dejar la política activa y a lo largo de su última y dilatada vida. Entre ellos también recuerdo por su emotividad el premio que le concedió la Fundación Sabino Arana en 2008. Creo sinceramente que los vascos hemos sabido entender y comprender los valores que encarnaba y extendía Santiago Carrillo y hemos llegado a compartirlos porque es una de las personas que siempre hizo y mantuvo uno de los análisis más certeros y sinceros de la problemática que, como otros muchos países, la sociedad vasca ha tenido. A mí me lo demostró en muchísimas ocasiones y en otras tantas charlas y tertulias en las que dibujaba sus pensamientos sobre el lienzo de humo que construía su perenne cigarrillo. Sus ojos vivaces y su voz ronca y serena envolvían sus pensamientos haciéndolos comprensibles y aceptables.

Me acompañó en la presentación en Madrid del libro El futuro nos pertenece en el año 2010. Allí volvió a decir que en Euskadi existe un "problema político" al margen de la desaparecida violencia de ETA y que con el tiempo el terrorismo sería un fenómeno colateral que dejaría al descubierto plenamente el conflicto de carácter político que con España existe en Euskadi.
También dijo aquel día: "Negar a las naciones equivale a dejarlas sin espacio en el Estado y tarde o temprano eso traerá la marcha de Euskadi, Catalunya y Galicia. No es eso lo que yo deseo, creo que es mucho más enriquecedor para todos que esas naciones tengan su espacio. ¿Os dais cuenta de qué sería España sin Euskadi, Catalunya y Galicia?". El tiempo le ha dado plenamente la razón. Quiero subrayar con esto la capacidad de ver más allá del común de los mortales que tenía Santiago Carrillo. O su manera de expresar de forma sencilla las cuestiones que aparecen como complejas.

Es verdad que tenía 97 años de edad, lo que supera con creces el tiempo en el que todos deberemos de morir. Perseguido, vilipendiado, exiliado a la fuerza, alabado, olvidado... Todo ello hizo de Santiago un personaje con el que convives a diario, que siempre está ahí y que consigue hacerse eterno. Perdemos sus pasos tranquilos, sin prisas, y sus ojos vivaces, pero nos quedan todos y cada uno de los valores que mantuvo y, especialmente, nos quedan los razonamientos y los consejos que nos dio a los vascos a lo largo de sus días.

Ayer no pude reprimir un acto insólito y cuando supe de su muerte mandé un mensaje al teléfono por el que tantas veces habíamos hablado. Es insólito porque había fallecido plácidamente durmiendo, pero algo dentro de mí me decía que quizá lo leyera de alguna forma que no conozco.

Goian Bego Santiago Carrillo, agur eta ohore.

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