30 octubre 2011

Intervención de Josu Erkoreka
Nueva Economía Forum Europa-Tribuna Euskadi

Egun on guztioi eta mila esker nire aldetik ere, goiz honetan, Nueva Economía-ko foro honetara, guri lagun egiten etorri zaretelako. Hauteskundeen atarian gaude eta, horrelakoetan ohikoa izaten denez, gure asmoen berri ematera gatorkizue: egoera nola ikusten dugun azaltzen eta aurrean ditugun erronkei nola erantzun behar diegun ezagutzera ematen.

Todos hemos sentido una sensación de alivio al conocer que el cuerpo social vasco se desprendía definitivamente de la garrapata armada que ha tenido prendida en sus carnes durante los últimos treinta y cuatro años, succionándole la sangre e inoculando en sus venas el veneno del fanatismo la intolerancia y la exclusión.

Y hemos sentido, también, la necesidad de activar la memoria colectiva, para poner las cosas en su sitio y extraer de lo ocurrido las lecciones que necesitamos para organizar la convivencia futura sin caer en los errores del pasado. Porque en la historia reciente de Euskadi, ETA ha constituido un fenómeno profundamente negativo, que sólo ha traído sangre y sufrimiento en lo humano y fanatismo e intolerancia en lo político.

Pero la violencia etarra también ha tenido consecuencias -y no irrelevantes, por cierto- en el terreno económico: ha supuesto un freno en toda regla para el desarrollo y el crecimiento. Y hoy quisiera hacer una referencia especial a este aspecto de la perniciosa influencia que ha ejercido sobre nuestra vida colectiva.

El cese definitivo de la actividad armada de ETA ha dado lugar a un nuevo tiempo en Euskadi. Esto es innegable Un tiempo nuevo, que nos situará ante retos nuevos, pero en el que todavía tendremos que seguir afrontando algunos retos viejos. Retos ya conocidos que, pese a no ser nuevos, se nos presentarán renovados. El de la economía es, sin duda, uno de estos.
Es evidente que en este nuevo tiempo tendremos que trabajar en la reconstrucción de la convivencia, notablemente deteriorada tras años de amenazas y agresiones. Pero tendremos que aprender, también, a gestionar una economía sin el lastre que supone la existencia de una banda terrorista que amenaza, coacciona y extorsiona al empresario, disuade al inversor y fomenta la deslocalización.

El modelo vasco de crecimiento económico ha sido posible gracias al trabajo desarrollado durante años por unas instituciones y, sobre todo, por unos empresarios muy motivados -y casi podría decirse que sobre estimulados- para avanzar en la adversidad. Y ello es así porque, al obstáculo que ya de por sí supone la fuerte competencia existente en un mercado cada vez más global, se ha añadido, la existencia de una organización terrorista que acosaba despiadadamente a la clase empresarial mediante chantajes, extorsiones y secuestros, que desincentivaban la inversión y ahuyentaban los capitales. Sólo la tenaz apuesta de las instituciones y, sobre todo, el coraje de los empresarios han hecho posible que entre nosotros alumbrase una economía moderna y competitiva, basada en el conocimiento y la innovación y con considerables índices de internacionalización.

Hoy, tras el cese definitivo de la actividad armada de ETA, todo el mundo parece dar por supuesto que, en los próximos años, la economía vasca conocerá una etapa de prosperidad sin precedentes. Que una vez superado el lastre del terrorismo, volará libre y con velocidad de crucero; que los capitales afluirán a borbotones y las empresas surgirán como champiñones, generando masivamente riqueza, empleo y desarrollo. Se augura una auténtica primavera económica para Euskadi.

Tony Blair escribía estos días en el New York Times, aludiendo a los “dividendos de la paz”, que esos millones de euros que el País Vasco venía gastándose en programas de seguridad, podrán ser reorientados hacia otros fines de utilidad social.
Pero más allá de lo que pueda reportar esta masiva liberación de recursos públicos, la sociedad vasca parece confiar ciegamente en un impulso empresarial que, ahora, sin la traba de ETA, nos empujará hacia atractivos horizontes de desarrollo y bienestar.
Sin embargo, nada de esto debe darse por seguro. Sería un inmenso error relajar la tensión social, institucional y empresarial que nos ha traído hasta aquí, confiando en que, la desaparición de la violencia lo hará todo.

Los retos del mercado y de la competitividad seguirán ahí y será preciso responder a ellos con rigor y eficacia. Los consumidores del mundo no comprarán productos vascos por el mero hecho de que ETA haya decidido cerrar la persiana. Sólo lo harán si son mejores y más baratos que los de sus competidores. Los capitales sólo vendrán a Euskadi si les ofrecemos mejores condiciones para la inversión que en otros lares.

Es muy importante que las instituciones sigan apostando -e incluso incrementando su apuesta- por el conocimiento y la formación profesional, y que las empresas sigan empeñadas en cultivar la flexibilidad, la innovación y el valor añadido. De lo contrario, podría ocurrir que el nuevo escenario acabara siendo peor, desde un punto de vista económico, que el anterior a la desaparición de la organización terrorista.

Es cierto que la ausencia de violencia favorecerá, objetivamente, el flujo de capitales hacia Euskadi. Pero no es menos cierto que estos no afluirán si las instituciones vascas no contribuyen a crear unas condiciones favorables a la creación y el desenvolvimiento empresarial.
No quiero lanzar un mensaje negativo, sino realista. Y, sobre todo, incentivador; de estímulo. Euskadi puede, pero los vascos tenemos que quererlo. La desaparición del freno que supone ETA sólo servirá para relanzar la economía vasca, si todos -políticos, instituciones, empresarios y trabajadores- somos capaces de mantener o intensificar el impulso que nos ha traído hasta aquí.
En el PNV somos plenamente conscientes de ello. Porque nuestro modelo de gestión, el que conocemos como “modelo PNV” siempre ha pivotado en torno a estos valores: la austeridad, la seriedad, el rigor, la anticipación, el equilibrio presupuestario y el recurso controlado a la deuda pública sólo para financiar inversiones productivas con retorno. Y todo ello puesto al servicio del crecimiento económico y la cohesión social.

El Grupo Parlamentario vasco en Madrid se ha guiado también con arreglo a estas pautas. Así lo atestigua la labor que hemos desarrollado en los últimos años, apostando firmemente por las infraestructuras productivas y la tecnología. Y que nadie dude de que volveremos a hacerlo en la próxima legislatura.

Para ello presentamos este programa en el que hemos identificado 4 retos:

RETO 1: La creación de una política económica básicamente centrada en el crecimiento sostenible y la creación de empleo
RETO 2: Defensa de los intereses vascos en Madrid ante la tentación recentralizadora de PP-PSOE
RETO 3: Apuesta por el mantenimiento del Estado de bienestar y respeto absoluto a los servicios sociales básicos
RETO 4: Consolidación de paz y la apertura de puertas a la normalización política

Y para responder a estos 4 retos, planteamos 10 prioridades y ofrecemos hasta 77 propuestas concretas para salir de la crisis y seguir construyendo Euskadi

No prometemos resultados, que son difíciles de asegurar en estos tiempos de incertidumbre, pero nos comprometemos a trabajar en las Cortes Generales para que ala Euskadisin ETA no le falten la tensión y el impulso económico que pueden asegurar nuestro bienestar futuro. Porque Euskadi puede y el PNV quiere.

Muchas gracias.

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