06 abril 2012

Manifiesto Aberri Eguna 2012

Conmemoramos estos días aniversarios de dolor. Recordamos el horror de bombardeos indiscriminados contra la población civil de nuestro Pueblo  en tiempos pasados. En el nombre de la España, grande, libre e indivisible se asesinó impunemente a una ciudadanía que sólo quería vivir en paz y libertad. Fueron agresiones inhumanas, execrables, imborrables para quienes arrastraron-han arrastrado su condición de víctimas durante decenios. Sin compasión ni resarcimiento por parte de quienes sometieron su régimen y dominación en aquellos actos de barbarie. Al día de hoy existen entre nosotras-os heridas abiertas de aquella etapa negra de represión, castigo y asesinato.

Pero no podemos olvidar, y no lo hacemos, que también, en el nombre de nuestra patria, de Euskadi,  hubo quienes, años después, practicaron la violencia asesina e inhumana contra todo un universo de discrepancia al que identificaron como “enemigo”.

Una y otra –violencia- envilecieron las causas nacionales que quienes practicaron la violencia decían defender. Ambas sólo dejaron tras de sí  víctimas, dolor, sufrimiento y odio.  Una historia que esperemos no se repita jamás porque sobre la muerte, la fuerza y la violencia no hay nada que se construya, salvo la angustia, el rencor yla consternación. Yel odio jamás es y será motor de nada positivo para el futuro de la convivencia .

El año 1932, el Partido Nacionalista Vasco, sacaba a la calle a su militancia y seguidores para anunciar la “resurrección” dela Patria Vasca. Erael primer “Aberri Eguna”. Desde entonces,  no ha habido año ni ocasión, en libertad o dictadura, en la que el Partido Nacionalista Vasco no haya reivindicado en esta fecha, el derecho del Pueblo Vasco a su libertad y a su plena expresión política e institucional.

Pero es en esta ocasión, en el año 2012, cuando, por primera vez en la historia desde hace 76 años,  libremente,  podamos reclamar el derecho a nuestra soberanía sin el azote ni la amenaza dela violencia. Hanpasado ya casi seis meses desde que ETA declarara el fin de su actividad armada.

Es verdad que la paz verdadera tardará en instalarse entre nosotras-os. Porque la ausencia de violencia  es la primera premisa de una paz auténtica. La primera y más importante. Pero la paz verdadera necesita, además de deshabilitar las consecuencias de una tendencia excepcional de “acción-reacción”, de desactivar de las actitudes humanas las sensaciones de enfrentamiento, de supremacía o de imposición  que han sustentado   determinados  comportamientos particulares  a la hora de ejercer la acción política. Que ETA haya declarado el fin de su actividad armada es un paso determinante para que este país alcance la paz, pero  la conciliación cívica de Euskadi pasa, en los próximos tiempos por que quienes han vivido imbuidos de la filosofía de la legitimidad de la lucha armada reconozcan y amparen el derecho a la diferencia –reconocida también por quienes han condicionado la política a la existencia de la violencia-, y se integren en el mapa de respeto a las mayorías y minorías que en cada caso establezca la propia sociedad vasca.

Y en la construccion de esa paz definitiva y verdadera y de la concordia todos, y también, las instituciones, todas las insituciones, deben trabajar y favorecer este camino. Enquistarse en el pasado, no reconocer que estamos ante un nuevo tiempo, no adoptar decisiones que, sin duda, van a favorecer este tránsito, sería una grave irreponsabilidad.

La auténtica paz, la paz completa, está aún lejana en Euskadi pero no podemos minusvalorar el gran paso conquistado por este país en los últimos meses. Jamás vivimos tiempos como los actuales. Sin temor al calendario, sin miedo a la nómina de nuevas víctimas. Sin incertidumbres sombrías que  atenacen el porvenir.
Primer Aberri Eguna, por lo tanto, sin la violencia de ETA. Primer Aberri Eguna de un nuevo tiempo para Euskadi.

Ya no hay excusa que valga para quienes siempre establecieron vallas al campo y encontraron justificación en la persistencia de la violencia para vetar el ejercicio democrático de autodeterminación de la sociedad vasca. No hay pretexto que frene cualquier iniciativa política que pretenda el avance nacional de Euskadi. Primer año de una nueva Euskadi, de unos nuevos vascos que pueden aspirar a todo.

En la etapa moderna, podemos colegir que han sido tres los hitos que han marcado nuestro horizonte como Pueblo:

El primero, a finales del siglo XIX cuando Sabino Arana supo identificar el principio de las nacionalidades en el devenir político de este Pueblo. La personalización de un sujeto político incluso derivado de interpretaciones de carácter poético, -de unos derechos nacionales, distintos a los que hasta entonces se hallaban establecidos-, puso en el guión, en el centro de la escena al Pueblo Vasco y al derecho de su ciudadanía por recobrar una soberanía  que le era propia.  No ha habido instante desde entonces , por diferentes que hayan sido las circunstancias y los protagonistas del momento, en el que la reclamación nacional  del Pueblo Vasco no haya estado presente en nuestra agenda.

El segundo punto de inflexión  que ha marcado el destino contemporáneo de la sociedad vasca  cabe datarlo en el decenio de los ochenta del pasado siglo. Euskadi era un proyecto político fundamentalmente de los nacionalistas que, por distintas razones, había sido asumido, sin convicción definitiva por colectivos que se incorporaron al país en la búsqueda de prosperidad y trabajo . Vascos de refugio que prosperaron y crecieron en este país sin más conciencia identitaria que la de compartir alegrías y desdichas con una sociedad que les acogió sin preguntar su origen ni destino. Llegaron a Euskadi  buscando una oportunidad que les permitiera progresar al albur de la creciente industrialización. Su respeto, sacrificio y trabajo hizo que se ganaran, por méritos propios, un hueco en esta sociedad, que creció y salió adelante también gracias a su ímpetu.

Pero las crisis industriales de los ochenta y primeros de los noventa , con la caída de los sectores estratégicos, llevó a este país a cotas de paro desconocidas hasta entonces. Muchos de aquellos vascos asimilados optaron por capitalizar sus despidos y dar por finalizada su experiencia migratoria, volviendo a sus orígenes para retomar un proyecto personal y familiar interrumpido. Sin embargo, una notable mayoría, decidió seguir adelante en esta tierra, que ya era suya. Euskadi se convirtió en su única expectativa de vida. La suya y la de sus hijos y nietos.  Fue una decisión de arraigo. Definitiva, en la que miles de familias vincularon su porvenir y el de sus futuras generaciones al devenir de este país. Ellos construyeron una nueva sociedad vasca. Plural y diversa, que rompía el mito y el riesgo de ruptura de una Euskadi de dos comunidades. Simplemente vascos. Heterogéneos, poli-identitarios, pero “vascos” de presente y de futuro.

Hoy asistimos al tercer estadio de esa “revolución social”. Nadie es capaz –por fortuna- de discernir el comportamiento sociológico de quienes otrora fueran calificados como “los de aquí” o los “de allí”. La nueva sociedad vasca  se comporta sociológicamente  en parámetros homologables a la de otras realidades modernas desarrolladas. Sin estereotipos ni disfunciones grupales. Y es ahí, exactamente, donde estriba el nuevo desafío que alimenta el nuevo tiempo.

Existe una sociedad que cree en un país. Que se identifica con sus símbolos, con sus instituciones, con su vocación de autogobierno, con sus especificidades culturales. Una sociedad que confía y cree en Euskadi. Y que, al mismo tiempo, desea  oportunidades de mejora en su calidad de vida. Mejoras en un entorno globalizado, en un escaparate abierto con el que debemos sintonizarnos en clave de progreso y de cambio.

¿Será capaz la Euskadi que hemos construido, y que hoy el conjunto de la comunidad vasca defiende, de  responder a las expectativas, a las necesidades que la ciudadanía le exige?. ¿Será capaz el proyecto dela Nación Vascade ser una referencia eficaz para seguir resolviendo los problemas reales y las inquietudes de su ciudadanía?. ¿Servirá como herramienta de cohesión y refugio social en los tiempos de incertidumbre? .

Sólo sila nueva Euskadipor construir se constituye como un espacio institucional de servicio permanente a las vascas-os, tendrá sentido y éxito reconocido. Sólo si es capaz de buscar nuevos horizontes de trabajo, de riqueza, de prosperidad, tendrá futuro.

Sólo si su potencialidad  y fortaleza económico-financiera es capaz de garantizar la cohesión social y la protección de quienes se sientan a su amparo, Euskadi será un proyecto incontestable.

Sólo sila nueva Nación Vascase sustenta sobre bases reales, si las vascas-os se sienten confortados con la eficacia de su nuevo estatus, Euskadi habrá iniciado el camino acertado. El camino de una Nación en Europa. El camino de un país avalado por la decisión y la voluntad mayoritaria de su población.

Un nuevo estatus, una nueva Nación capaz de hacer frente a la necesidades sociales. Mucho más que también reivindicación, que identidad, que historia. Ese es el nuevo punto de partida que debemos, desde ya mismo, ir configurando.

El cambio es algo innato al ser humano y a las sociedades. Y la sociedad vasca, desde que tenemos conocimiento científico, ha estado en continua evolución. A veces, nuestra propia mitología, -y los mitos los necesitamos  todos, todos los pueblos-, ha cuestionado el innegable carácter evolutivo del Pueblo Vasco.

Lo vasco ha evolucionado, se ha enriquecido, modificando su identidad a lo largo del tiempo. La clave de la subsistencia de lo vasco ha sido, precisamente, su dinamismo. Saber adaptarse. Aquello que no sabe adaptarse muere.

La diferencia es que, ahora, el cambio llega a mayor rapidez, fundamentalmente de la mano de una revolución tecnológica que nos permite, en tiempo real, tener información de una punta a otra del mundo, sin límites. Ese cambio en los procesos de información y decisión es el que da vida a  la globalización en el mundo económico, el intercambio ilimitado de servicios financieros, jurídicos, de mercancías y, por supuesto, cambios políticos y sociales

¿Cómo va a responder el nacionalismo vasco representado por EAJ-PNV a esto?. Pues, lógicamente, como lo ha hecho históricamente, adaptando su propia realidad, su discurso y sus puntos de enganche con la sociedad vasca para seguir cubriendo su objetivo fundamental que este país, esta sociedad, esta realidad, que el Pueblo Vasco perdure y se desarrolle también en esta nueva situación que estamos viviendo. Todo lo demás es instrumental.

El propio concepto de las estructuras políticas que debamos dotarnos en cada momento será  igualmente instrumental, lo importante es que perduremos y nos desarrollemos como Pueblo Vasco.

Los tres elementos sobre los cuales el nacionalismo vasco tiene que proyectar  su razón de ser  y su elemento de enganche con la sociedad vasca en esta transformación social son:

Primer elemento; mundo globalizado, mundo abierto sí, pero con raíces bien sustentadas en el suelo. Toda realidad necesita un enganche, un alma, algo con lo que nos identifiquemos como y con lo nuestro. Las ramas y las hojas abiertas al mundo sí pero las raíces las necesitamos en tierra. Nosotros, el Partido Nacionalista Vasco, ofrecemos ese alma de identificación a un Pueblo y a una sociedad.

Segundo elemento; el éxito en este mundo abierto, desde el punto de vista económico, pasa por las pequeñas realidades bien gestionadas. Ahí es donde nuestro propio proyecto de identidad nacional cubre un elemento que va a permitir  el desarrollo económico y competitivo.

Y el tercer elemento; en un mundo abierto en el que todo se compra y se vende, en el que todo es competitividad, sin fronteras, ¿qué va a pasar con los más desfavorecidos?; ¿cuál es elemento que va a dotar de cohesión y de solidaridad en esta sociedad?: El concepto de comunidad. ¿Quién dota a la sociedad vasca del concepto de comunidad?. El nacionalismo vasco representado por EAJ-PNV.

Y todo ello desarrollado por la libre voluntad. Y la libre voluntad de un Pueblo, de una Nación, se expresa democráticamente en el siglo XXI mediante su reconocimiento jurídico y político así como en el ejercicio de su derecho y capacidad de decisión.

En este Aberri Eguna del nuevo tiempo, el Partido Nacionalista Vasco sostiene su voluntad de construir una nueva Euskadi que dé respuesta a las necesidades de una ciudadanía  renovada a través de de tres compromisos básicos:  una sociedad de identidad-raíces que nos identifique hacia dentro y hacia fuera; una gestión económica rigurosa y saneada de nuestro ámbito; y el sostenimiento de nuestra comunidad como elemento clave de convivencia.

Son estas, sin duda,  reflexiones de hondo calado para una sociedad acostumbrada al trepidante ir y venir de noticias y titulares periodísticos. Pero, en este Día de la Patria, Aberri Eguna, debemos esforzarnos en identificar ante el Pueblo Vasco, el camino que este país tiene ante sí para reconocerse como Nación plena en los próximos tiempos. Euskadi, Nación Europea. Euskadi, Nación en paz.

Nos queda, aún, mucho camino que recorrer: Recuperar el tiempo perdido por la inacción de un Gobierno incapaz. Reestablecer, al mismo tiempo, la pluralidad en el diálogo y el reconocimiento de todas las opciones políticas. Fijar un ámbito de intervención pública que recobre la confianza, impulse la actividad económica, posicione la marca “Euskadi” como un  referente externo que dé pie a nuevas oportunidades de negocio, empleo y riqueza que nos haga despegar de nuevo frente a la recesión y la crisis,...

Habrá que agudizar la capacidad de diálogo para romper una incomunicación forzada de otros tiempos y otras situaciones. Y, deberemos, también, sentar las bases jurídicas de ese nuevo tiempo. Un nuevo estatus político para un nuevo tiempo. El Partido Nacionalista Vasco está preparado para ello.  Un nuevo tiempo constituyente para una nueva Euskadi.

Gora Euskadi Askatuta!

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