20 abril 2010

Iñigo Urkullu Lleidan

Bona tarda! Arratsaldeon!

Eskerrik asko zuen gonbidapenagatik

Moltes gràcies per la invitació a participar en aquestes jornades de reflexió sobre el nacionalisme. En el meu cas, sobre el nacionalisme vist des d'Euskadi. I ja us adelanto que la nostra visió sobre Euskadi, amb els seus matisos, no és molt diferent a la visió que es pugui tenir des de la pròpia Catalunya. L'estratègia de l'Estat és la mateixa a Catalunya que a Euskadi: desplaçar el nacionalisme del govern de les institucions de Govern.
"Atzokoan finkatuz, gaur biharkoa bultzatu"
Este es el lema de la Fundación Sabino Arana: "Asentados sobre el ayer, impulsar el mañana hoy".

Es una frase que me gusta por todo lo que dice en sólo cinco palabras. Me gusta por lo que dice y también por lo que sugiere, y lo que sugiere es que nuestra tarea es larga, continua y permanente. Somos naciones sin Estado, naciones en proceso de construcción, naciones en proceso de institucionalización, y en el mundo global en que vivimos este proceso de construcción va a ser largo y tiene que ser permanente. La clave es avanzar, construir cada día, crecer. Este es el reto de nuestras naciones en el siglo XXI: asentados en el ayer, impulsar el mañana hoy, hacerlo cada día. Y lo podemos hacer.

1.-Gaur. Hoy. ¿Cuál es la situación de Euskadi hoy?
Este año, por cierto, estamos conmemorando el 50 aniversario de la muerte del Lehendakari Agirre, el primer Lehendakari del Gobierno Vasco. Y, como ya sabéis, el día 5 de febrero de 1939 los presidentes Agirre y Companys quisieron encontrarse aquí, en los Pirineos, para cruzar juntos al exilio. Este encuentro, esa "marcha conjunta al exilio" es una imagen que ha quedado grabada en nuestra historia y que ha contribuido a reforzar nuestro vínculo. Y digo esto porque estoy convencido de la necesidad de unirnos y defender nuestros intereses comunes, que son muchos.
Ayer teníamos mucho en común. Y hoy Euskadi y Catalunya tenemos por lo menos algo en común que nos vincula, aunque espero que ello sea muy coyunturalmente. Tenemos en común que el primer partido del País está fuera del Gobierno. Y tenemos en común que todo ello forma parte de la misma estrategia. Aunque las tácticas sean distintas. En Catalunya es la suma del socialismo y los partidos catalanes "progresistas" contra CIU. En Euskadi la táctica y la suma es un poco más complicada. Es la suma de los contrarios PSE+PP, y la ilegalización de una opción electoral. El resultado final es el mismo. Y a estas alturas nadie duda de que de lo que estamos hablando es de una estrategia de Estado.
En cualquier caso, y por respeto a todas y todos ustedes, no soy yo quién y no he venido a hablar de la situación en Catalunya, he venido a escuchar. De la situación en Euskadi durante este último año sí que quiero darles dos datos que considero importantes para entender la realidad política vasca. Aunque también es cierto que lo que ocurra aquí con el Estatut, la decisión que al final adopte el Tribunal Constitucional puede suponer un antes y un después en la política en el Estado español.
Sobre Euskadi. Primero, el calculado efecto que ha tenido la aplicación de la Ley de partidos. Como saben el PSOE y el PP, esos dos partidos que están todo el día echándose los trastos a la cabeza, tienen un "pacto de hierro" en Euskadi. Lo suscribieron hace tres años en Navarra, donde gobierna la Unión del Pueblo Navarro con el apoyo del Partido Socialista de Navarra tras acuerdo de UPN con el PSOE. Y lo ratificaron el pasado año en la Comunidad Autónoma Vasca, donde gobierna el Partido Socialista con el apoyo del PP. Digamos que en Euskadi han hecho una excepción, el "oasis" lo llaman ellos.
El primer dato es que, en realidad, en la Comunidad Autónoma están gobernando con sólo un 40% de los votos emitidos. La Ley de partidos deja fuera de la ley, aunque matizaré después esta afirmación, a la izquierda abertzale tradicional, y en un Parlamento Vasco corto, recortado, el PSE y el PP han accedido a la mayoría absoluta. Sólo así -y también por la atomización del nacionalismo- ha sido posible el cambio de Gobierno. Con el control de la ley, y sobre todo, de la aplicación de la ley han ido experimentando hasta que lo han conseguido. Y es que con la misma ley les han dejado presentarse en todos lo sitios en unas elecciones (autonómicas 2005). En otras (municipales-forales) en el 50 por ciento de las circunscripciones y en las últimas (generales-autonómicas) en ningún lugar. Y todo eso con la misma ley. Y la izquierda abertzale era lo mismo y defendían lo mismo en las tres ocasiones. Es decir, lo único que varía es la aplicación de la ley. Acompañada, eso sí, de la actitud, y en algunos casos estrategia, por parte de la autodenominada izquierda abertzale.
Y el segundo dato es muy significativo. Tenemos un Gobierno que no ha celebrado el Aberri Eguna. Para entendernos, imaginad que no ya las instituciones catalanas sino el PSC no celebrara la Diada ni siquiera en sus actos institucionales. Pues eso es lo que ha ocurrido hace dos semanas en Euskadi. Por primera vez en la historia, un Lehendakari no ha celebrado el día de la patria vasca. Un Día, Aberri Eguna, Día de la Patria, que a diferencia de Catalunya no goza de una celebración institucional pero que, sin embargo, el Partido Socialista lo celebró durante 42 años desde el año 1937.
Estamos sometidos a un proceso de debilitamiento progresivo de nuestro País. Debilitamiento político e institucional, pero como consecuencia también debilitamiento económico.
Para empezar, el Gobierno Vasco no tiene Programa. No puede tenerlo, es evidente, porque es imposible que se pongan de acuerdo en la política económica, industrial, fiscal, social, de inversiones, etc. dos partidos que representan dos modelos antagónicos.
Sin Programa, sin embargo, en lo que sí están de acuerdo es en dos cosas. Primero, en ralentizar el proceso de institucionalización y fortalecimiento del autogobierno vasco. El Estatuto está incumplido, pero ellos organizan una fiesta para celebrarlo. El euskera pierde peso en la voluntad del Gobierno. Se desacredita el sistema de enseñanza, tildado ahora como de "adoctrinamiento nacionalista", se desdibuja nuestra presencia en el extranjero, se paralizan inversiones, se endeuda al Gobierno para atender a gastos de funcionamiento ordinario. Y por supuesto, quienes nos tildaban de "obsesionados identitarios despreocupados de los problemas reales de la gente", resulta que llegan al Gobierno y lo primero que hacen -y no es una exageración- es llenar todas las instituciones de banderas, españolas por supuesto. Aunque hay que aclarar que la primera decisión que toman, incluso antes de asumir el Gobierno -y si no fuera tan serio lo que está ocurriendo sería un chiste- es cambiar el mapa del tiempo en la televisión pública vasca.
Esto en primer lugar, y en segundo lugar, más importante, están de acuerdo en otra cosa. De política ni se habla. Son dos partidos políticos que se niegan a tratar contenidos políticos. El PSE se presentó a las Elecciones vascas con el compromiso de promover un nuevo marco. Ahora no quiere ni oír hablar de este tema. No quiere ni oír hablar de cumplir el Estatuto, como para hablar de un nuevo Estatuto. En esto desde luego están de acuerdo, el PSE y el PP vasco, el PSOE y el PP español. De política vasca nada de nada. La "normalidad política" que llaman ellos es olvidar la política.
Y todo ello con una utilización de los medios públicos de comunicación absolutamente manipuladora y escandalosa. Un dato. El PNV, la primera fuerza política de Euskadi, tiene mucha menor presencia en los informativos que el Partido Popular. El PP que es la tercera fuerza de Euskadi con el 14 por ciento de los votos tiene el 30 por ciento de la cuota de informativos. El PNV que representa al 38 por ciento del electorado tiene una cuota del 27 en la Radio y Televisión públicas.
En síntesis, podemos decir que la entente PSE-PP ha pasado de la política a la gastronomía, de la construcción nacional a la deconstrucción. No es una broma, es una realidad muy seria, porque después de 30 años de crear, construir e impulsar, ahora nos encontramos con una actitud deliberada de deconstrucción, una mezcla de ralentización del autogobierno, dilución de las señas de identidad y paralización de cualquier tipo de avance institucional. Todo ello por supuesto con el beneplácito y el aplauso del Estado. Hoy Euskadi es un "oasis" para España. Algún día se darán cuenta de que están viendo un espejismo.

2.-Y ante esta situación, ¿cuál es la reflexión y la estrategia del nacionalismo?
En primer lugar, el cuerpo social de la sociedad vasca, en un sentido muy amplio, no ha aceptado este pacto PSOE-PP para Euskadi. Primero porque no refleja el deseo de la sociedad vasca. Segundo, porque contraviene el discurso que durante años ha defendido el Partido Socialista en Euskadi. Y tercero, porque en casi un año de Gobierno, el pacto se ha manifestado ineficaz. Ha quedado claro que es un pacto que busca el poder por el poder, que no tiene ni programa ni estrategia para Euskadi salvo un objetivo. Este pacto no tiene el objetivo de "ser", su objetivo es "estar". No tiene la ambición de hacer y construir, su estrategia es deshacer y diluir.
La sociedad vasca está comprobando día a día que este pacto no funciona, que el autogobierno no avanza, que el Estatuto no se cumple, que los problemas no se solucionan. Y la respuesta la están reflejando todas las encuestas: desapego y desconfianza social en relación al Gobierno López.
Esto en cuanto al cuerpo social global, pero ¿cuál es la estrategia y la reflexión de los partidos nacionalistas?
Comenzaré hablando de la izquierda abertzale tradicional y a continuación hablaré del Partido Nacionalista Vasco.
Abro un paréntesis para decir que no voy a especular sobre ETA, porque es una evidencia que su amenaza terrorista sigue viva, y que están dispuestos a seguir chantajeando y asesinando. Nuestra posición al respecto es clara, y lo ha sido siempre: rechazamos el terrorismo, en la vertiente humana, social y política. No queremos nada con ETA.
Ahora bien, hemos defendido también siempre que ante la estrategia desde hace 30 años por parte de ese "mundo" de combinar lo político y lo "militar", hay que contribuir a acercar a este mundo a la política estricta, a las vías políticas. Lo hacíamos cuando la "izquierda abertzale" no participaba por voluntad propia en las instituciones o las utilizaba, y lo hacemos ahora que en Madrid se practica una Ley de Partidos que en realidad está pensada en exclusiva para Euskadi, pero que se aprueba en contra de la voluntad política y social mayoritaria de Euskadi. Es una Ley para Euskadi pero sin Euskadi.
Hoy hay indicios de que la mayoría de la "izquierda abertzale tradicional" quiere dar el paso definitivo a la política. Pero seamos claros, tienen que darlo ellos y sólo ellos, está en su mano y lo pueden hacer. Es su responsabilidad y tienen que asumirla. Somos claros y les exigimos claridad ante la sociedad: política y sólo política.
Nosotros como nacionalistas tenemos claro el camino. Antes he citado a Agirre. Murió hace 50 años, justo en el momento del nacimiento de ETA. Tenemos el balance de lo que ha supuesto para Euskadi el proceso de autogobierno y desarrollo institucional que puso en marcha Agirre, un proceso retomado estos últimos 30 años. Y tenemos por otra parte el balance de ETA. Sinceramente, creo que nadie dudará de los resultados de uno y otro proceso para Euskadi. Sobran las palabras.
Pero hoy "toca" hablar de nosotros, del Partido Nacionalista Vasco, y en este foro, podemos hacerlo además con la confianza de poder incluir una perspectiva crítica.
El nacionalismo vasco de compromiso institucional no se encuentra unido. No el PNV sino el conjunto de ese nacionalismo mencionado. Y este ha sido uno de los factores que ha favorecido la alianza de poder entre el PSE y el PP en Euskadi. Esta realidad, nuestra desunión, ha tenido ahora "consecuencias" y se ha visualizado con crudeza, y nos ha obligado a reflexionar sobre los errores que pudimos haber cometido en el pasado. Tenemos por lo tanto ante nosotros el reto de la unidad del nacionalismo, y lo sentimos no cómo una exigencia política sino como una exigencia social. El cuerpo social del nacionalismo nos está exigiendo rearticular una única estrategia nacionalista desde el cauce central. Es un "desiderátum social" y a nosotros como partido político nos corresponde darle una respuesta.
Digamos que rearticular la mayoría del nacionalismo de compromiso institucional en torno al PNV es el "reto interno" que nos corresponde, pero lo importante es la visión del nacionalismo de futuro. En este caso la clave es la actualización y modernización de nuestro ideario. Y nuevamente voy a recurrir a Agirre, porque hace 50 años supo ubicarse en el presente (el duro exilio con sede en París), rescatar el pasado (la realidad nacional de Euskadi) y proyectarla al futuro (democracia, autogobierno, identidad cultural y Europa). Agirre fue capaz de actualizar y modernizar el hecho nacional vasco, y éste vuelve a ser hoy nuestro reto de futuro.

3.-Bihar. Mañana. ¿Cómo vemos el nacionalismo del futuro?
Mi primera impresión, sincera y real, es de optimismo. Es una cuestión de edad, y creo que nos pasa a quienes rondamos los 50. Llegamos a la democracia con la mayoría de edad, alguna sin ella. Hemos conocido también aunque en sus estertores las dificultades del nacionalismo durante el largo franquismo que creíamos superado. Aunque parece que las casi dos toneladas de peso de la losa que cubren los restos de Franco no han sido suficientes para enterrar el franquismo.
Hemos vivido en primera persona cómo aquella generación, los dirigentes nacionalistas que lideraron el partido en la transición, fueron capaces de poner en marcha el País, de activar un sólido proceso de autogobierno, un proceso de construcción nacional, y en alguna medida también en nuestra andadura hemos contribuido a ello. Durante estos 30 años hemos vivido el crecimiento de Euskadi, su construcción institucional en todos los órdenes: Educación, Cultura, Política Social, Ertzaintza, Medios de comunicación, Euskera, Sanidad, Acción exterior... En sólo 30 años hemos construido un País que funciona, partiendo de la "nada franquista".
¿Podíamos haber ido más lejos? Seguro que sí porque tenemos hoy todavía un Estatuto de 1979 pendiente de ser cumplido. Pero también nos podíamos haber quedado mucho más atrás. Y la enseñanza importante de cara al futuro es que nadie nos ha regalado nada, lo hemos construido nosotros, liderado por nosotros.
Hemos avanzado, de eso no hay duda. En eso estamos todos de acuerdo.
Y estamos también de acuerdo en otra cosa. El Estado se puso en guardia al de un año del Estatuto de Gernika. El Estado está queriendo echar el freno. En Euskadi lo estamos viendo claramente, y no cabe duda de que aquí en Catalunya todo el proceso del nuevo Estatut es un indicador en el mismo sentido.
¿Qué está pasando? Muy claro, el Estado quiere cerrar definitivamente la transición constitucional, y quiere hacerlo con nosotros dentro. No vamos a oír hablar más del "Estado plural", ahora añoran y pretenden retomar la "España una y uniforme".
Y ante esta situación, ¿cuál debe de ser nuestra actitud? Exactamente la misma que la de hace 30 años, pero ampliando el marco. Me explico, nuestra misión sigue siendo construir la nación día a día, internamente, desarrollando y fortaleciendo nuestras instituciones y nuestro autogobierno. Lo que ocurre es que el marco hoy es global, es el "mundo plano" que describe Thomas Friedman. Este es ahora el escenario en el que debemos fortalecer nuestra nación.
Pensemos en positivo, pensemos que nos va a ser más favorable este nuevo mundo sin fronteras, que el anterior con fronteras.
¿Por qué digo que nuestra actitud debe ser la misma?
Porque nuestra aspiración es la misma: construir la nación. Es verdad que también nuestras dificultades son las mismas, pero tenemos una ventaja: el camino ya recorrido. Ese camino es un camino político pero es también social, económico y cultural. Y, sobre todo, es un camino irreversible, sin retorno, porque la sociedad ha conocido en primera persona las ventajas del autogobierno. En términos generales la sociedad vasca tiene hoy más vivencia y conciencia de nación que hace 30 años, y mucho más que hace 100.
Y esta sociedad vasca es la que a nosotros nos corresponde liderar para alcanzar los objetivos que nos proponemos: profundizar en el autogobierno, reforzar las instituciones, tener voz en el mundo, impulsar la lengua y la cultura propias.
Conseguir estos objetivos requiere de nosotros lograr dos compromisos de carácter estrictamente político: uno es la bilateralidad y el otro el derecho a decidir y el respeto a lo decidido. Uno es el respeto leal a los acuerdos adoptados y aprobados por el Pueblo, algo que no se ha cumplido en estas tres décadas de desarrollo estatutario. Y el otro, es el reconocimiento del derecho y la capacidad que tiene la nación vasca a decidir su futuro en paz y libertad, en democracia y con garantías.
He expuesto mi visión en dos partes pero en realidad es una única porque el fortalecimiento de la realidad nacional lleva implícito su desarrollo y su acceso a nuevos estadios institucionales.
Termino. ¿Cuáles son los retos del nacionalismo mañana?
Yo diría que son tres. El primero es "el reto del progreso de la nación" hoy en un nuevo escenario.
Este reto incluye la innovación y una cultura de profundización en valores para el impulso de la economía.
Incluye las políticas sociales, para la cohesión y el bienestar.
Incluye la cultura, como referente de nuestra personalidad e identidad.
E incluye la sostenibilidad, para contribuir a la preservación del medio ambiente entendido con mayúsculas.
Este es nuestro reto en el mundo global. Y es muy importante que lo enfoquemos desde la perspectiva global, sabiendo que somos actores no sólo en Euskadi sino también fuera de Euskadi.
El segundo reto es el de la "socialización de la realidad nacional". Este reto tiene que ver con el primero, en el sentido de que la socialización funciona cuando la nación funciona. En este campo, el tiempo corre a nuestro favor, porque la sociedad vasca no admite una "marcha atrás" en las cotas de autogobierno alcanzadas. Socializar significa lograr adhesiones, y las conseguiremos con un modus operandi que se demuestre eficaz, que demuestre que responde, desde la cercanía y la complicidad, a las auténticas necesidades de los ciudadanos.
Y el tercer reto es el "político", estrictamente político. Un reto que requiere de los dos anteriores y también los impulsa. En este terreno político el nacionalismo cuenta con la solidez y claridad de sus principios. El reto es saber adaptarlos a la nueva realidad global en que vivimos. Nuestro ideario, nuestros principios, tienen vigencia, lo hemos comprobado en múltiples ocasiones en estas últimas décadas. La cuestión es tener la capacidad de actualizarlos y aplicarlos a un escenario que ha cambiado, que hoy es global.
¿Es fácil, es difícil? Lo importante es que depende de nosotros mismos. Yo siempre me quedo con el historiador Toynbee, quien dice que "la civilización es la respuesta de un grupo humano a los desafíos naturales y sociales". Este es nuestro reto por tanto, nuevas respuestas a los nuevos retos. Y siguiendo con el mismo autor, "la civilización crece cuando la respuesta a sus desafíos tiene éxito y estimula nuevos desafíos". Larga vida por tanto al nacionalismo. Etorkizuna geurea da, el futuro es nuestro.

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